“¿Tienes gripa? Tómate dos de Bioloctyn y mañana te vas a acordar de mi por lo bien que te sentirás.”

“Yo traigo Maropan en la bolsa y cada vez que siento principios de reflujo me tomo una.”

“Ese solo lo venden con receta pero intenta y si no, me avisas. Creo que me sobraron algunas pastillas, te las paso.”

“Dicen que una Piestirimina al día es muy buena para la presión. Yo me la tomo con el desayuno.”

Todos tenemos a un amigo, conocido o familiar que ha utilizado un medicamento por consejo de otro o por su propia iniciativa, sin haber consultado antes con un doctor. De hecho, es muy probable que  lo hayas hecho alguna vez. Quizá te funcionó o quizá no, pero lo cierto es que esta práctica, tan común en nuestra sociedad, puede ser bastante peligrosa si no se hace de forma responsable.

Porque sí, podemos automedicarnos de forma responsable. Por eso existen fármacos como los antigripales, antiácidos, laxantes o digestivos que se venden sin receta médica. Si los utilizamos para aliviar síntomas menores, seguimos las instrucciones de uso y suspendemos la dosis después de un corto tiempo, pueden resultar efectivos. Aunque siempre hay que recordar que el que su venta sea libre no significa que sean inocuos y en algunas circunstancias incluso esos pueden tener efectos secundarios. Al fin y al cabo siguen siendo medicamentos.

Nos hemos olvidado de eso y pensamos que si sirven para aliviar, no pueden hacer daño. Por eso tomamos la pastilla que nos da la tía para el dolor sin por lo menos haber visto el frasco, reciclamos antibióticos para combatir la gripa porque total, para eso me las mandó aquella vez el doctor, o cada 30 días compramos religiosamente una caja de laxantes porque sino, ni acercarte al baño. Nos automedicamos sin pensar que como reza el dicho, el remedio puede ser peor que la enfermedad. Algunos de los riesgos de automedicarnos:

  • Toxicidad: Experimentar efectos secundarios y en algunos casos intoxicación.
  • Interacción: Con otros medicamentos o ciertos alimentos que hayamos consumido.
  • Falta de efectividad: Por usarlos en situaciones no correspondientes. Por ejemplo, tomar antibióticos para contrarrestar un proceso viral no funciona y solo sirve para volvernos más resistentes a esos fármacos.
  • Dependencia: La mayoría de las personas que se vuelven adictas a medicamentos para tratar el dolor, la ansiedad o los trastornos del sueño, empiezan por no seguir las indicaciones del médico.
  • Muerte: Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, en 2010 murieron en el país más de 16 mil personas por sobredosis o uso indebido de opioides.