La infidelidad es un motivo por el que muchas parejas acuden a terapia. Aceptar que ha habido un engaño, desentrañarlo para encontrar las razones y decidir el futuro de la relación, son algunos de los propósitos de estos tratamientos. Con el transcurso de las sesiones, empiezan a salir a la luz los motivos por el que el infiel decidió serlo. Algunos de los más comunes suelen ser:

Porque solo compartimos el techo.

La infidelidad aparece con mayor regularidad en parejas que llevan vidas sociales separadas.

Porque atravesamos una crisis

La llegada de un hijo, la pérdida de un empleo, la muerte de un padre, etc. La dificultad para asimilar grandes cambios puede llevar al engaño.

Porque se acabó el sexo.

Cuando dejan de ser amantes y se convierten en compañeros de piso, se abren las puertas para buscar otros brazos.

Porque yo lo valgo

Cuando uno de los dos cree que ha puesto mucho empeño en la relación y a pesar de ello sus necesidades no quedan satisfechas.

Porque no me entiende.

La crítica destructiva, la indiferencia y la contrariedad son enemigos de la estabilidad de una pareja.

 

Cuando hay una infidelidad, el blanco de los señalamientos suele ser la parte que la cometió. Esa persona tomó la decisión de engañar a su pareja en vez de enfrentar los problemas que vulneraron la relación y buscar en conjunto una solución. Sí, lleva una gran parte de responsabilidad y debe aceptarlo. Sin embargo y como reza el dicho “se necesitan dos para bailar un tango“. El otro también debe analizar su parte de responsabilidad en el resquebrajamiento de la pareja.

Si atraviesas por una situación de infidelidad, te invito a leer este artículo antes de tomar una decisión: ¿Perdonar una infidelidad?