En hombres y mujeres se dan complejos psíquicos y sociales, que se relacionan más con el tipo de educación que se haya tenido junto con las habilidades emocionales o personalidad de cada uno. Si alguien es tímido y no ha estudiado puede sentirse incómodo o fuera de lugar en una reunión de universitarios hablando de sus respectivas carreras … ¡o no y ser el alma de la fiesta!.

¿Pero sabes cuáles son los más frecuentes? Los complejos relativos al físico. Llevados al extremo pueden acabar en la patología denominada Trastorno Dismórfico Corporal.

Complejos Físicos

No estamos contentas con uno o varios aspectos de nuestro cuerpo o aspecto físico. Esta es la larga lista de los complejos más frecuentes:

Peso

Tanto por defecto como por exceso, aunque este último es más frecuente.

Celulitis

Un día te das la vuelta y descubres los hoyitos del pánico y a partir de entonces ¡objetivo taparte el trasero como sea! Pues ¿sabes?, todas tenemos celulitis, todas.

Estrías

Los cambios en la pubertad, en el embarazo y en el peso predisponen a su aparición.

Pecho

Demasiado, demasiado poco o caído. En este caso se recurre con frecuencia a la cirugía.

Acné

Cuando es severo puede ocasionar un verdadero trauma para quien lo padece. Lo mejor es consultar cuanto antes a un dermatólogo.

Vello

El exceso de vello es bastante mal llevado. En ocasiones se trata de Hirsutismo, un trastorno que se debe a una alteración hormonal.

Arrugas

Patas de gallo, código de barras, surco nasogeniano y un sinfín de terminología específica para localizar arrugas. Prevención, retoques estéticos y quirúrgicos o el photoshop son los recursos.

Varices

Pueden llegar a conseguir que no vuelvas a enseñar las piernas pero si no puedes o quieres quitártelas recuerda que también pueden maquillarse.

¿Complejos Sexuales?

En este caso hay una mezcla de complejos físicos e inseguridad psicológica. Producen inhibiciones sexuales y en muchos casos eso que nos preocupa no existe más que en nuestra mente. Surgen ansiedades o complejos de todo tipo que restan capacidad de disfrutar e incluso llevan a evitar tener relaciones. Estamos más pendientes de lo que pensarán de nosotras que de lo que estamos haciendo. Entre otros, mencionar la preocupación por los olores, sabores, no estar a la altura, sonidos y gemidos o aspecto de los genitales. En su aparición juegan un papel muy importante la falta de información sexual y las creencias erróneas.

¿ De dónde salen estos complejos?

La infancia y adolescencia marcan ya que los cambios físicos y psicológicos nos sorprenden o asustan a veces. Pero puede que si en el colegio o en la pandilla adolescente no nos hubieran colocado etiquetas como “torpe”, “zampona”, “el listo”, “retaco”, “larguirucha”, “pechugona” o “tabla”, ni nos habríamos parado a valorar y comparar ciertos atributos hasta el punto de rechazarnos a nosotros mismos. Una mezcla de influencias interiores y exteriores los refuerzan o crean.

¡Fuera complejos!

Sube tu autoestima y practica pensamiento positivo, ¿ qué tal hacer una lista con todas tus bondades y seguridades?

Y además, ¿sabías que ninguno de esos complejos están en la lista de rasgos que enamoran a los hombres? Sea como sea tu trasero o delantera, ellos se derriten con el sentido del humor o la seguridad en ti misma seas como seas.