Si te dijeran que alguien se suicidó porque ya no aguantó tener tantos orgasmos lo más probable es que no lo creerías pero lo cierto es que la estadounidense Gretchen Molannen lo hizo hace algunos días. ¿La razón? Padecía una enfermedad conocida como excitación Trastorno de excitación genital persistente (PGAD por sus siglas en inglés).

El de Gretchen es uno de los varios casos documentados desde 2001 cuando se registró por primera vez una paciente con este padecimiento. Hace no mucho la prensa internacional recogía la historia de la británica Kim Ramsey quien experimenta más de 100 orgasmos al día. Hace unos años, la estadounidense Michelle Thompson saltó a la fama por afirmar que alcanzaba cerca de 300 orgasmos diarios.

El PGAD es un desorden raro que afecta solo a mujeres. Quienes lo padecen, lejos de tener un apetito sexual descontrolado, pueden excitarse con solo cruzar las piernas y vivir en un constante estado preorgásmico pero con una característica no muy agradable: la falta de deseo. Queda lejos de la multiorgasmia (capacidad de tener varios orgasmos seguidos) y según testimonio de algunas pacientes, provoca dolor, incomodidad y molestias.

El PGAD es una afección rara que aún no se ha podido estudiar a profundidad y no se conocen las causas exactas. Algunas investigaciones la han relacionado con el Síndrome de piernas inquietas (trastorno en el que ha la necesidad de mover las piernas para calmar sensaciones molestas), con problemas neurológicos, con tumores en la zona genital o con tratamientos hormonales.

Aunque este padecimiento no ataca a los hombres, existe uno al que muchos especialistas han llamado la versión masculina del PGAD, el Priapismo. Este trastorno se caracteriza por una erección sostenida durante mucho tiempo que a menudo es dolorosa y se presenta sin estimulación sexual previa.

Muchas veces este tipo de disfunciones se padecen en silencio por vergüenza o miedo al juicio. Es importante saber que son condiciones médicas que de presentarse, deben tratarse rápidamente para evitar complicaciones más graves. Muchas veces el tratamiento médico debe ir acompañado por una terapia psicológica para aprender a manejar el problema sin dolor. Si tú o alguien que conoces padece alguna de estas o cualquier otra disfunción sexual, busquen ayuda profesional.