Con el final de octubre llega también el horario de invierno y como siempre que enfrentamos un cambio de esta naturaleza (por ejemplo el jet lag al viajar a un lugar que se rija bajo otro huso horario), es posible que el cuerpo lo resienta.

Adaptarse al horario de invierno es mucho más sencillo que hacerlo con el de verano ya que ganamos una hora y las noches son más largas por lo que el patrón de sueño se ve menos afectado. Sin embargo, el estado de ánimo sí puede verse alterado ya que hormonas como la serotonina (reguladora del bienestar), se liberan con la luz solar.

Si durante los primeros días que sigan al cambio de horario te sientes con la pila baja, no te preocupes, tu cuerpo puede tardar más de una semana en acostumbrarse. Cada nueva jornada notarás menos ese bajón. Los niños y las personas mayores son especialmente susceptibles a este cambio por lo que hay que prestar atención a sus cambios de humor.

Si quieres adaptarte gradualmente, prueba a retrasar tus horarios de comer y dormir 15 minutos o media hora durante los días previos. Si acostumbras acostarte temprano, intenta hacerlo una hora más tarde las 3 noches anteriores para que no resientas el cambio.

Y tú, ¿cómo te adaptas al cambio de horario?