“No, mi amor. Esta noche no tengo ganas.”

Quizá que solo alcances a balbucear un “ok”, porque estás que no te lo crees. Pero si todo está bien, te repites en la cabeza. No han discutido hace tiempo y la semana pasada el sexo fue maravilloso. Tu mente empieza a correr a mil y entonces llegan pensamientos como: “tiene otra”,”ya no le gusto”,”está pensando en dejarme”, “seguro que es porque no he perdido los kilos que gané en Navidad” o”ya le aburrió la rutina”

Sí, es probable que alguna de las anteriores sea la correcta, pero también es muy probable que como te dijo, simplemente no tenga ganas. Nos han enseñado a creer que un hombre siempre está dispuesto para el sexo, pero nada más lejos de la verdad. La falta de deseo puede estar relacionada con muchos aspectos a los que tal vez no has prestado atención:

¿Está tomando algún medicamento?

Muchos fármacos, por ejemplo los antidepresivos o pastillas para la presión, pueden impactar sobre el apetito sexual. Lo mismo sucede con los relajantes musculares y los diuréticos. Tal vez el culpable esté en el botiquín.

¿Atraviesa una situación estresante en el trabajo?

El estrés provoca que se libere cortisol en la sangre. Cuando hay niveles altos de esta hormona, se reprimen muchas de las funciones orgánicas, entre ellas las sexuales.

¿Ha dormido bien?

Un estudio de la Universidad de Chicago encontró que la falta de sueño reduce los niveles de testosterona entre 10 y 15%. Entre las muchas funciones que cumple esta hormona, está la de regular el deseo y la actividad sexual.

¿Cómo está su alimentación?

Una dieta rica en carbohidratos, en la que no hay una ingesta adecuada de vitaminas y otros nutrientes, puede repercutir en el deseo sexual. Consumir grandes cantidades de azúcar, grasas saturadas o alimentos procesados provoca una pérdida de energía. Alguien exhausto no piensa en sexo.