“Yo solo fumo los fines de semanas.”
“Una cajetilla me dura días.”
“No fumo, igual y me echo uno si está buena la plática.”
“Solo si estoy bebiendo.”

Entre una tercera y una quinta parte de los fumadores no lo hacen todos los días. Muchos de ellos ni siquiera consideran que tienen el hábito y en los cuestionarios de salud marcan con una x la opción de no fumador. Sin embargo, las personas que consumen tabaco ocasionalmente, aquellos que lo hacen solo en compañía de amigos y cuando “el ambiente se presta”, también corren muchos riesgos.


Una investigación realizada por la American Heart Association reveló que el riesgo de padecer una enfermedad cardiaca es prácticamente el mismo entre los fumadores habituales y los ocasionales. Así mismo, el estudio, publicado en la revista de divulgación científica Circulation, concluye que padecimientos como la osteoporosis, cáncer de pulmón, cataratas e infertilidad, son más comunes entre los que fuman, no importando la cantidad ni regularidad, que entre los que no.
Otro trabajo, este realizado en la Universidad Northumbria en el Reino Unido demostró que el daño a la memoria prospectiva (la que permite recordar las intenciones futuras), es exactamente el mismo entre los que fuman diario y los que lo hacen solo los fines de semana. En una serie de pruebas, obtuvieron peores calificaciones que los no fumadores.


Algo que muchas veces los fumadores sociales no toman en cuenta al momento de medir el potencial daño a su salud, es que al tener un hábito justamente social, ingieren una gran cantidad de humo ya que no solo aspiran el de sus cigarros, también el de los de sus amigos.
La ventaja que sí tiene un fumador social sobre un crónico, es que para él, abandonar el cigarrillo será mucho más fácil. Si deciden dejar de fumar, no tendrán que experimentar los síntomas de abstinencia y al no asociar el consumo de tabaco con muchas actividades cotidianas, podrán dejarlo sin mayor problema. Solo tendrán que concentrarse en resistir el cafecito con las amigas o las noches de fiesta. Es un esfuerzo, sí, pero vale la pena por cuidar la salud, ¿no crees?