En muchos países del mundo, mayo es el mes en el que se dedica una jornada a la madre. Entre otros, la celebran el primer domingo en países como España, Portugal y Sudáfrica; el segundo en Venezuela, Alemania, Estados Unicos, Japón y China; el 10 en México, India y Guatemala; el 15 en Paraguay o el último domingo en Francia. Desde los días previos, las tiendas ofertan todo tipo de artículos enfocados a las madres, los restaurantes saturan su agenda para la peculiar fecha y los vendedores de flores hacen el negocio de la temporada. Millones de personas dispuestas a festejar a la mujer que los trajo al mundo.

En el Monumento a la Madre en Ciudad de México reza la frase “A la que nos amó antes de conocernos” y es que durante los meses de gestación, las mujeres tienden a desarrollar fuertes lazos afectivos con sus hijos. En el embarazo, el parto y la lactancia, en el cerebro de las madres se liberan grandes cantidades de oxitocina, hormona encargada de fortalecer esos vínculos que suelen extenderse a lo largo de toda la vida.

Muchos son los afortunados que crecen con una madre cariñosa y protectora que los guía durante su desarrollo pero también muchos sufren condiciones opuestas. Existe una condición psiquiátrica llamada Síndrome de Munchausen por poderes en la que uno de los padres, generalmente la madre, induce en su hijo síntomas reales o aparentes de una enfermedad.

Este tipo de abuso casi siempre se presenta durante la infancia del hijo, pero también se han registrado casos de madres que lo hacen aunque estos hayan crecido. La mayoría de las veces, la mujer busca atención médica innecesaria para su vástago, alterando las muestras de heces, sangre u orina, administrándole fármacos que le induzcan vómito o diarrea, negándole alimento, etc. Los niños suelen ser hospitalizados por una mezcla de síntomas confusos y entonces la madre se muestra consternada y colabora con el personal médico, lo que dificulta el diagnóstico de su enfermedad.

El Síndrome de Munchausen por poderes es extremadamente raro y no se conoce los suficiente por lo que no se han desarrollado tratamientos específicos. Una vez diagnosticado, es importante retirar al menor del cuidado de su madre ya que su vida corre peligro. Ambos, madre e hijo, deben recibir ayuda psicológica profesional (muchas veces el menor requiere además atención médica para tratar las lesiones o padecimientos físicos provocados) a largo plazo.