La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que al año se producen cerca de 90 millones de embarazos involuntarios, es decir, no planeados. Para muchas mujeres la sorpresa significa una noticia muy agradable pero para otra no tanto ya que no deseaban embarazarse en ese momento. ¿Cómo evitar formar parte de las estadísticas? Usando un método de prevención. Hoy toca el turno a la esponja, método de barrera que se comercializó por vez primera a finales de los 70 y que evita que  los espermatozoides alcancen el óvulo.

La esponja anticonceptiva vaginal está hecha de espuma sintética y bañada con espermicida. Su diámetro es más o menos de 5 centímetros y se coloca dentro de la vagina para que cubra el cuello del útero y bloquee el ingreso del esperma. Se debe mojar con agua limpia para activar el espermicida que se encargará de limitar el movimiento de los espermatozoides. Ofrece protección hasta por 24 horas sin importar cuántos encuentros sexuales se sostengan, su efectividad es de más o menos el 85% y resulta más eficaz en mujeres que nunca han tenido hijos.

Ventajas de usarla:

  • Su venta no requiere receta médica
  • No contiene hormonas por lo que los efectos secundarios son mínimos
  • No la sienten ni la mujer ni su pareja
  • Se puede colocar varias horas antes del encuentro por lo que no interrumpe los juegos previos

Desventajas de usarla:

  • Puede ser difícil colocarla (se requiere práctica)
  • No protege contra las infecciones de transmisión sexual (ITS)
  • Puede causar irritación vaginal
  • Solo puede utilizarse una vez
  • Debe permanecer en la vagina al menos 6 horas después del encuentro
  • Aumenta el riesgo de padecer síndrome de shock tóxico