Muchas y controvertidas opiniones pero aquí no vamos a entrar en si son eficaces o no.  Simplemente lanzamos una pregunta; ¿no será un problema mental el verdadero origen de esos kilos y no tanto el saber llevar o no una alimentación saludable o ajustada en calorías y acertar con el que tenga la mejor fórmula?

Por mucho que en el último capítulo nos adviertan sobre el efecto rebote y el cambio de hábitos de vida (sedentarismo y comida basura) y que señalen que debe hacerse bajo control médico, la mayoría no aconseja consultar a un psicólogo para descartar un trastorno de la alimentación o un problema emocional que cause esa mala relación con la comida y/o la imagen corporal.

A efectos de salud, es más eficaz tratar el origen del problema además de sus consecuencias. ¿Para qué le sirve a un comedor compulsivo una dieta que le hace perder kilos si cuando la termina vuelve a quedar a merced de la ansiedad y falta de autocontrol?. Mejor es que acuda a un psicólogo cognitivo conductual.

Parte del furor por las dietas milagro,  como las hiperproteicas (archiconocidas Atkins, Montignac o Dukan), es que no aplican los tres principios inherentes a una dieta y que hacen que la mayoría tire la toalla o ni lo intente: perder peso lentamente, monotonía en los elementos de la dieta y restricción de cantidades.

¿Peligrosas?. Depende. No es lo mismo querer perder 5 kilos que 40, ni estar a dieta un mes que un año y hay consignas de la dieta que quedan a la libre interpretación y esto también será clave: no es lo  mismo interpretar «no hay limite» como «no tengo que pesar la ración» , que interpretarlo como,  «me puedo comer  varias raciones».

Moraleja: ¡Antes de hacer dieta, tu psique checa!