¿Disfrutas más un partido de tu equipo cuando lo ves junto a tus amigos? 

¿Si alguien te cuenta una situación injusta que vivió es común que digas “ya me enojé también”? 

¿Si un amigo llega con una buena noticia (aprobó un examen, le dieron un aumento, etc.) te hace feliz? 

Si respondiste afirmativamente a las preguntas anteriores, puede deberse al contagio emocional. Así como los virus y las bacterias se pueden transmitir de una persona a otra, sucede también con las emociones. La habilidad de contagiar estados de ánimo es inherente al ser humano. Lo que no me gusta de la palabra contagio es que siempre se refiere a la transmisión de algo negativo y en este caso también pueden ser cosas positivas.

Cada vez que interactuamos con otro hay un intercambio emocional en el que generalmente una de las partes juega el papel de emisora y la otra de receptora. Este fenómeno puede darse gracias a las llamadas neuronas espejo que permiten entender e interpretar las acciones de los demás.

El contagio emocional se diferencia de la empatía en que esta es más elaborada y tiene que ver con un proceso consciente a través del cual tienes la capacidad de ponerte en los zapatos del otro. En mayor o menor medida todos somos susceptibles de ser contagiados emocionalmente. Podríamos decir que en los extremos se ubican por un lado las personas hipersensibles que pueden absorber las emociones de las demás con extrema facilidad y por el otro los psicópatas que no tienen la capacidad de empatizar con los otros.

Es necesario saber que se contagian tanto las emociones positivas como las negativas por ello es importante estar en contacto consciente con las propias para saber cuándo nos están afectando emociones que ni siquiera nos pertenecen.

Te dejo un video que muy probablemente te pondrá de buen humor ¿por qué no haces la prueba?