La película “Lo Imposible” muestra una de las mayores catástrofes naturales vividas por el ser humano y nos vuelve a plantear la cuestión de la bondad humana. Al verla pocos han logrado contener las lágrimas. Lágrimas de empatía, esa es la emoción que nos arranca J. A. Bayona en su cinta de principio a fin. Nada de lo que te puedan contar sobre un Tsunami te lo deja más claro que ver estás imágenes, la película resulta cien por cien real (salvo para sus verdaderos protagonistas, claro está) y vemos reacciones humanas de todo tipo.

Creo que más que una naturaleza buena o mala, lo que sí tenemos como seres humanos es la posibilidad de elegir. Podemos ayudar o responder luchando por mejorar la situación, no hacer nada o incluso pasar por encima de lo que sea con tal de salvar nuestro pellejo o sacar beneficio. Libre albedrío, elegimos libremente. Sea cual sea la elección, tendrá consecuencias en nuestras vidas y en las de los demás.

Todos podemos ser ángeles o demonios ante una misma situación. Todos. Y creo que nadie conoce la respuesta, nadie puede vaticinar en qué dirección se inclinará la balanza, ni uno mismo. Se puede hacer un cálculo aproximado sobre cómo reaccionará alguien basándonos en su historial de reacciones pero no tendremos la certeza absoluta nunca, en ningún caso. Podemos sorprendernos a nosotros mismos y a los demás. ¿Sorprendido porque asegurabas que jamás arriesgarías tu propia vida por salvar la de otro? ¿Sorprendidos porque ese a quien consideraban todos un héroe en potencia no hizo nada cuando llegó el momento aún pudiendo haberlo hecho?

Hacer el bien o no. Tenemos las dos opciones y estamos capacitados para responder de ambas maneras. Entonces, ¿qué puede influir?

¿Empatía?

Algo determinante es nuestra capacidad de empatizar con el otro, de ponernos en su lugar. Reaccionar al dolor de otro implica empatizar con él. Esta capacidad ya la tiene un bebé antes de saber hablar y si nos ve mal, intentará consolarnos. Sin empatía no se reaccionará ayudando y mucho menos arriesgando la propia seguridad. Y en un grado patológico, en ausencia total de empatía, el dolor ajeno resultará totalmente indiferente o incluso placentero.

¿Circunstancias?

También son determinantes a la hora de sacar lo mejor y lo peor de cada uno. Hay quien dice que las crisis siempre sacan lo mejor de cada uno, ¿por qué hay quien no ayuda y se dedica al pillaje? Hay quien afirma que la guerra siempre saca lo peor de las personas, ¿entonces qué son los héroes de guerra? En situaciones de crisis, como es la catástrofe que se vive en “Lo Imposible”, hay quien reacciona de forma egoísta y solo piensa en el propio beneficio, mientras que otros ante la misma situación, reaccionan con empatía ayudando a los demás incluso anteponiendo el sufrimiento ajeno al propio.

¿Instinto de superviviencia?

Esto sí puede orientar la dirección de la respuesta. El instinto de supervivencia puede bloquear otros registros emocionales y sin necesidad de ser una mala persona, llevarte a actuar para conservar la propia vida, ¿sigo adelante? ¿doy marcha atrás? … Impredecible hasta que no te ves en esa situación.

¿Qué te domina la empatía, el miedo, el egoísmo?

Saber que los demás sufren igual que tú te mueve a hacer lo que puedas para mitigar ese sufrimiento si te es posible, agradeces conservar la capacidad para poder hacerlo (los otros no la tienen). Valoras poder hacerlo. Necesitas hacerlo. “Aunque sea lo último que hagamos” dice la protagonista. En la otra cara de la moneda está el miedo o el egoísmo, estás paralizado e incluso en estado de shock, minimizas el sufrimiento ajeno o miras para otro lado.

Dice el Talmud “Quien salva una vida, salva al mundo entero”, si piensas así, será difícil que no hagas todo lo que este en tu mano por ayudar a quien lo necesita.