En los últimos años hemos sido testigos del boom de las dietas libres de gluten. Si bien algunos las siguen por prescripción médica, hay otros que las adoptan por moda. Arrastrados por el fenómeno han decidido que el gluten es el enemigo y mareados por la mercadotecnia creen que un producto libre de gluten es “más sano“. No toman en cuenta que los alimentos procesados contienen  azúcar, carbohidratos y grasas, tengan o no gluten y que abusar de ellos es nocivo aunque la etiqueta diga “…-free”.

Lo que sí es innegable es que más allá de la moda, la sensibilidad al gluten ha aumentado de forma considerable en los últimos años. Esto es bastante lógico si tomamos en cuenta que es una proteína que no digerimos fácilmente y que nunca la habíamos consumido tanto como ahora. Además de estar presente en las semillas del trigo, el centeno o la cebada, en la industria de los alimentos se usa para otorgar sabor y textura a muchos productos. Aunque solo el 1% de la población tiene una sensibilidad extrema, llamada celiaquía, muchas personas experimentan síntomas como estreñimiento, indigestión, gases o náuseas después de consumir productos con gluten.

Antes de eliminar el gluten de la dieta hay que revisar cómo están los hábitos alimenticios. Si el 90% de tu comida es chatarra, muy probablemente el culpable del estreñimiento no sea solo el gluten. Es verdad que limitar su consumo puede ayudar a reducir la pesadez estomacal y la fatiga pero lo ideal es que consultes antes con un nutriólogo y sobre todo, que balancees tu dieta e incluyas frutas, vegetales, legumbres y nueces.