El beso está presente en el 90% de las sociedades humanas y aunque una investigación de la Universidad de Bochum en Alemania determinó que el 10% de la población humana, es decir 700 millones de personas, no se besa nunca, al resto nos fascina, ¿Por qué?

Existe evidencia científica que demuestra que los besos estimulan las áreas del cerebro en las que se liberan sustancias como dopaminaoxitocina y endorfinas, las tres relacionadas con sensaciones de bienestar y placer.  Un beso apasionado libera adrenalina en la sangre, lo que aumenta el ritmo cardiaco (las pulsaciones aumentan de 60 a 100 latidos) y el nivel de glucosa en la sangre. Los ósculos (sinónimo de beso), ayudan también a adelgazar. Al besar movemos hasta 34 músculos de la cara, lo que provoca que se quemen entre 10 y 25 calorías, dependiendo de la intensidad.

Existe una disciplina llamada Filematología, que estudia los besos “en serio”. Investigaciones en el ramo han comprobado que incluso ayudan a prevenir las caries ya que estimulan la saliva, lo cual elimina partículas de comida entre los dientes y reduce el nivel ácido que causa la placa dental.

El texto hindú sobre el erotismo, el Kama Sutra, describe 30 formas de besar y es que los besos son determinantes en cualquier relación. La empatía a la hora de juntar los labios puede influir en el éxito o fracaso de una pareja. Resultados de un estudio realizado en la Universidad de Nueva York, mostraron que el 66% de las mujeres y el 59% de los hombres han interrumpido una relación por un mal beso.

A la hora de besar, la mayoría seguimos un patrón, más del 60% cierra los ojos e inclina la cabeza a la derecha al momento de sellar sus labios con los de otra persona. Un trabajo de investigación llevado a cabo en la Universidad de Princeton encontró algo muy bonito: el cerebro humano tiene neuronas que le ayudan a encontrar los labios de su pareja con los ojos cerrados y en lugares oscuros.

¿Ya besaste a alguien hoy? Si aún no, ¡corre a hacerlo!

Te dejo un himno al beso: “The Shoop Shoop Song” de Cher