Cada noche, Pedro espera a que María se quede dormida para deslizarse sigilosamente hasta la mesa de noche y tomar su móvil. Casi flotando llega al baño en donde revisa su correo, los mensajes enviados y recibidos y sus conversaciones de Whatsapp. Sabe que está mal pero no puede evitar espiar el móvil de su pareja.

Como Pedro, miles de personas aprovechan la primera oportunidad para revisar el celular de su pareja. Ya sea por alguna sospecha o por mera curiosidad, juegan al detective y vulneran la intimidad del otro metiéndose incluso en terrenos peligrosos. ¿Sabías que en varios países es delito revisar el correo electrónico ajeno? Además, bien reza el dicho: el que busca, encuentra.

Si espías el móvil de tu pareja, es posible que te encuentres conversaciones con personas del sexo opuesto. ¿Eso significa que te está engañando? No necesariamente. Tal vez leas un mensaje de un tal Javier que diga “Cada vez lo haces mejor” y tu mente te haga sospechar lo peor cuando en realidad es un cumplido de un compañero de trabajo. Los mensajes leídos por otra persona que no sea el destinatario, pueden prestarse fácilmente a malas interpretaciones.

Cuando hay honestidad y buena comunicación no es necesario espiar. Cuando surge el deseo de hacerlo es señal de que algo no funciona bien ya que está roto uno de los pilares fundamentales de una relación sana: la confianza. Si tienes ganas de revisar su teléfono, no debes preguntarte qué encontrarás, más bien cuestiónate qué falla entre ustedes que te hace sospechar de su lealtad.