No lo planeaste pero sucedió. Un viaje, resfriado, cambio de casa o nuevo trabajo, te obligó a suspender tu rutina de ejercicios por unos días que acabaron convirtiéndose en semanas y luego en meses. Llevas tiempo lejos del gimnasio y lo notas en tu flexibilidad pero sobre todo en tu cinturón. Has perdido condición física y has ganado kilos.

Si ya decidiste ponerle fin a ese círculo vicioso y volver al buen camino, tengo buenas noticias para ti. Retomar una rutina de ejercicios es mucho menos complicado de lo que podría pensarse gracias a que los músculos tienen memoria. ¿Qué significa eso?

Cuando hacemos ejercicio, en las células musculares aumentan los núcleos que fabrican la proteína encargada del crecimiento de los músculos. Esos núcleos no se mueren si dejamos de entrenarnos, simplemente se “duermen”. Cuando retomamos la actividad física, vuelven a recobrar su fuerza y a trabajar como en el pasado. Sin embargo, esto no sucede de un día para otro. Es un proceso que debes tomar con calma para evitar lesiones que te vuelvan a alejar de tu rutina. Estos tips te pueden ayudar:

Date el tiempo para adaptarte.

Un error muy común y que suele terminar en lesiones es querer retomar enseguida el nivel de entrenamiento que teníamos antes de la pausa. Lo mejor es hacer menos series y de menor intensidad e ir aumentando gradualmente hasta llegar a lo que hacíamos antes.

No quieras recuperar el tiempo perdido

El proceso de reacoplamiento puede llevar meses. Si dejas que te gane la desesperación y quieres entrenar en una semana lo que no hiciste en muchas, puedes caer en el sobre entrenamiento. Recuerda que los días de descanso son una parte fundamental en cualquier rutina de ejercicios así que no te los saltes.

Plantéate objetivos claros

Si te cuesta trabajo encontrar una razón para levantarte a correr cada mañana, ponte algunas metas. Por ejemplo, perder un par de kilos para volver a usar esa falda que tanto te gusta o entrenarte para participar en la carrera de tu causa favorita. Lo importante es que encuentres la motivación que te ayude a ser constante hasta que el ejercicio vuelva a ser un hábito.

Consigue un cómplice

Además de lo divertido que puede llegar a ser, contar con un compañero de entrenamiento te ayuda a ser más constante ya que adquieres un compromiso no solo contigo sino también con él. Es importante que los dos estéis decididos y que elijáis juntos la actividad que vais a realizar.

Premia tu esfuerzo

Cada vez que alcances una de tus metas, hazte un regalito, una visita a un SPA o un postre.