En una relación de pareja no todo es miel sobre hojuelas. Hay momentos en que el conflicto surge y da lugar a una discusión. El problema grave llega cuando un asunto pequeño que podría resolverse hablando, se sale de proporción y el enojo provoca que se convierta en una pelea de grandes dimensiones.

Muchas personas no desarrollan las herramientas necesarias para resolver de forma pacífica una situación de tensión. Recurrir a insultos,humillaciones y agresiones puede lastimar la relación y fracturarla. Por ello es importante aprender a manejar los desacuerdos. Revisemos algunas reglas básicas para resolver el disgusto sin mayores consecuencias:

Habla sobre ti, no sobre tu pareja.

En vez de juzgar su actitud, exprésale cómo te hace sentir, concéntrate en tus sentimientos y tus necesidades.

No esperes a estar realmente molest@.

Intenta resolver el conflicto desde sus etapas más tempranas y no cuando ya estás fuera de control. Si permites que el enojo te invada, estarás en modo pelea y no en actitud conciliadora.

Si hizo algo que te molestó, pregunta las razones.

No saques conclusiones anticipadas. Cuestionar sobre los motivos puede darte un panorama más amplio de la situación y tal vez te des cuenta que no lo hizo con la intención de herirte. No discutas sus argumentos o los menosprecies, mejor hazle ver, de manera pacífica, que te lastimó.

Si quieres que algo cambie, pídelo, no exijas.

Demandar algo puede despertar resistencia en tu pareja. “De mi forma o no hay forma” solo creará más conflicto. Si por el contrario, le solicitas de manera amable que modifique una actitud o conducta, tendrás más probabilidades de cumplir tu objetivo. Ofrece tú cambiar también si es que hay algo que le molesta para que todo sea más democrático. Recuerda que juegan en el mismo equipo.

Y tú, ¿cómo resuelves los conflictos?