¿Tienes obesidad o sobrepeso y disfrutas una sexualidad plena y maravillosa? ¡Felicidades! Considerate afortunado porque no siempre es así. La obesidad puede influir negativamente sobre la capacidad de tener una vida sexual plena y no, no solamente por cuestiones de estética y autoimagen corporal (que también influye), si no por un tema de salud.

Es verdad que los canones de belleza imperantes hoy en día, favorecen a los cuerpos delgados y en ocasiones, el no tener una “figura perfecta”, puede convertirse en un impedimento para gozar la sexualidad.Vergüenza a mostrarse desnudo y miedo a provocar decepción en la pareja por esas llantitas, son factores que podrían provocar un miedo a la intimidad. En un estudio realizado en la Universidad de Duke, el 68% de las mujeres con sobrepeso afirmó que no se sentía atractiva sexualmente. Claro que esto no es determinante, en este mundo hay todo tipo de gustos y existen los que prefieren tener de donde agarrarse.

La misma investigación mostró que las personas con varios kilos de más, son 25% más propensas a presentar problemas sexuales. Veamos por qué:

Testosterona.

Esta hormona es la encargada de regular las reacciones sexuales tanto en hombres como en mujeres. El aumento de grasa corporal, influye negativamente en la producción de testosterona. Las células grasas contienen una enzima llamada aromatasa, que convierte la testosterona en estrógeno, lo que impacta en el deseo sexual.

Colesterol.

Las personas con obesidad suelen presentar niveles altos de colesterol en la sangre, lo que dificulta su irrigación a todo el cuerpo, incluidos los genitales. Esto dificulta la capacidad para alcanzar una erección y sostenerla y en ambos puede provocar que no se llegue al orgasmo o siquiera se alcance la excitación.

Presión arterial.

El corazón de las personas obesas trabaja de más y por ello tienden a desarrollar hipertensión. Este esfuerzo extra se traduce en fatiga crónica, lo que disminuye la vitalidad y la capacidad de realizar actividades vigorosas. El sexo es una de esas actividades así que la influencia es evidente.

Se ha comprobado que con perder unos cuantos kilos, la autoestima y la producción de testosterona aumentan, lo que tiene un impacto positivo sobre las relaciones sexuales. Reducir la ingesta de grasas y aumentar la de alimentos ricos en potasio (para regular la presión) y omega 3 (para disminuir el colesterol), pueden ser un gran paso para comenzar. Es importante además realizar ejercicios, especialmente los que fortalecen el suelo pélvico (de Kegel, abdominales, yoga).

Cuidar tu peso mejora la salud en general y la sexualidad en particular.