¿Reconoces esta situación?

Estudiando el día antes:  “No me entra, nada”. Llega la noche; “Venga, otro cafecito, que sólo son las cuatro“.

Vas camino a la Universidad: “¡Ay , madre, que no me voy a acordar de nada!“.

Llega la amenaza fantasma: el examen: “Fú!, me sudan las manos, tengo taquicardia, aquí no se puede respirar. Ya sabía yo que no tenía que haberme presentado y este tiquitiqui de la pierna me está poniendo de los nervios…A ó B, A ó B, A ó B…no, es la opción C, esto tiene trampa…voy a leerlo otra vez“.

Se ha desencadenado una respuesta de ansiedad que en el peor de los casos puede conducir al fracaso de la prueba.  Se cumple tu peor miedo: Te quedas en blanco.

Estudiando, anticipamos el momento del examen y la ansiedad empieza a actuar negativamente en nuestro rendimiento. Atención, memorización y recuerdo son las principales afectadas. Un poquito de ansiedad te mantiene alerta, te esfuerzas y te concentras más, pero en exceso resulta bloqueadora o paralizante. Empiezas a mandarte mensajes negativos y acabas perdiendo el tiempo y distrayendo tu atención de lo verdaderamente importante…¡el examen!. Y lo peor, se va elevando la ansiedad cada vez más: ¡AYUDA!

Lo mejores es acudir a un psicólogo cognitivo conductual para que nos entrene en técnicas de estudio,  de relajación e inoculación de estrés.

Qué tan buen@ eres en:

  • Organización eficaz del tiempo.
  • Pedir apoyo.
  • Estrategias para rendir (repaso mental, darse ánimos uno mismo o preguntas de prueba).
  • Estilo de vida en época de exámenes (no dormir, exceso de sustancias excitantes o no comer bien).

Presentarte a un examen anticipando el fracaso lo único que te generará es ansiedad, tienes la batalla perdida antes de empezar. Asumir que no tenemos que hacer las cosas perfectas y aprender de nuestros errores también es importante, reprobar un examen no quiere decir que vayamos a suspender el siguiente.