Cuando somos víctimas de maltrato emocional por parte de los padres u otra figura de autoridad, el impacto sobre la autoestima puede ser devastador. “Las palabras pueden herir más que las balas” es un dicho que tiene mucho de verdad. Esas ideas pueden implantarse en nuestra mente haciéndonos creer que no somos dignos de amor. Si el abuso se da a través de chantaje es probable que se instale también un sentimiento de culpa.

Durante la actual pandemia de COVID – 19  los casos de maltrato tanto físico como psicológico se han incremento de una forma terrorífica en México, llegando algunos lugares a implantar la Ley Seca para, en la medida de lo posible, disminuir los brotes de violencia dentro de los hogares. Aún así, esto no es más que una forma de tapar el sol con un dedo pues las consecuencias psicológicas de la agresión emocional pueden llevarnos a la rebeldía, a involucrarnos en actividades riesgosas o a hundirnos en una profunda depresión. Para sanar esas heridas es necesario que:

  • Nos alejemos de las personas tóxicas. Poner distancia física es un primer paso para comenzar la recuperación. Tal vez la distancia emocional tomará más tiempo por eso es necesario que:
  • Seamos pacientes. Si el abuso se ha repetido por años es probable que la recuperación también demore algunos. No desesperar, darnos permiso para recaer en la tristeza o en los sentimientos de abatimiento pero comprendiendo que cada paso nos acerca a la meta, es sin duda un buen camino.
  • Sentirnos dignos de amor. No importa lo que haya pasado, es necesario recordarnos todos los días que somos seres valiosos y merecemos lo mejor. No todas las personas que se crucen por nuestra vida nos lastimarán, por ello:
  • Rodéate de gente que aporte cosas positivas. El ciclo de la violencia familiar se puede romper con una terapia. Busca ayuda profesional y convive con personas que hayan pasado por algo similar y lo hayan superado. Su experiencia puede servirte como ejemplo.