Asumir la pérdida de un ser querido no basta, hay que dar otro paso, la separación afectiva de esa persona. La dependencia psicológica de otros no desaparece porque la persona se separe o aleje de nosotros; hay que romper los lazos afectivos que nos unen a ella para pasar al recuerdo afectivo. 

Separarse de un ser querido que ha muerto para seguir con nuestra vida es difícil y requiere tiempo pero es necesario para cerrar un proceso de duelo. Ya dure más o menos ese duelo, pues depende de cada persona, una vez superado, nuestro ser querido queda en nuestra memoria biográfica, tranquilo, en paz, rodeado de nuestro afecto. El problema surge cuando nos aferramos a esa persona y surgen sentimientos que nos dificultan cada vez más el dejar ir a nuestro ser querido.

¿Qué sentimientos impiden la separación?

Culpa

Pensamientos reiterativos sobre si lo pudimos hacer mejor o diferente e incluso culparnos por haber pensado en aquél momento de debilidad o agotamiento emocional “ojala acabe todo pronto”, lo que hacen realmente, es que sigamos “conviviendo” con esa persona.

Rencor

Estamos enfadados y así se lo queremos hacer saber con nuestros reproches por dejarnos. Ha quedado en deuda con nosotros. Nuestro rencor o rabia lo que hace es mantener presente a quien ya no está.

Negación

Se trata de la llamada “Anestesia Afectiva”, en la que aparecen todo tipo de conductas compensatorias que impiden enfrentarse a la realidad de nuestra pérdida y en general, de manera bastante compulsiva; Consumo de alcohol, tabaco o drogas, comer, compras, lo que sea con tal de negar la realidad. Cada vez que la realidad de nuestra pérdida aparece, la conducta alternativa se lleva a cabo para evitar enfrentarnos a esa realidad.

Los cambios que hacen que vayamos superando el duelo según pasa el tiempo son el indicativo de que vamos bien, si nos estancamos en el tiempo sin que se produzcan cambios en la dirección de la superación,es el momento de pedir ayuda especializada.