¿Estuviste a punto de tener un accidente y aquél policía tan encantador que te ayudó te quita el sueño desde entonces? Pues puede que no fuera el uniforme sino que por el subidón del susto estabas en disposición de enamorarte o sentir atracción.

La activación fisiológica en una situación potencialmente romántica hace que atribuyamos esa activación al hecho de habernos enamorado.

Diversos experimentos psicofisiológicos han observado que si se activaba fisiológicamente a los sujetos experimentales, estos estaban más predispuestos a sentirse atraídos por alguien que quienes no habían sido estimulados previamente.

Por ejemplo, si hacemos que alguien experimente miedo (lo activamos fisiológicamente) y después le presentamos a alguien atractivo, le gustará más que si no hubiera estado activado de antemano.

Entonces, ¿qué despierta nuestra pasión?

El amor apasionado aparece ante estímulos de todo tipo, incluso los que nos activan fisiológicamente de manera negativa, es decir, nos producen ansiedad, miedo o ira entre otros. Esa activación previa es lo que hace que estemos en disposición a experimentar el amor apasionado.

Todo esto sirve para explicar un fenómeno amoroso del que todos conocemos algún caso:

                          El Efecto Romeo y Julieta

La oposición de la familia o sus intentos de boicotear o prohibir la relación, lejos de apagar esa llama, la avivan. Defenderse del ataque de la oposición, nos activa fisiológicamente. Los sentimientos de amor apasionado se intensifican. A mayor oposición, mayor apasionamiento.

No todo es tan “romántico”. Lo malo es que esa oposición también crea problemas, como la disminución de la confianza y aceptación mutua.

¿Solución?

¡Ningún bebedizo extraño! Resolver el conflicto familiar, que los padres acepten la relación y/o zanjar el asunto para no dañar la relación. Si se apela a la madurez y al respeto, no debería haber ningún problema. Si no es posible que razonen, apartaros de su lado y no dejéis que se entrometan.

¡Ya sabes! Si no te gusta un pretendiente o pretendienta, nada de bronca familiar. Lo inteligente es que lo trates bien, lo invites a comer en casa y aplaudas la relación. Y si eres el Romeo o la Julieta, no dejes que el numerito familiar te distraiga de lo que tienes delante, céntrate en conocer a esa persona y tus sentimientos hacia ella; Equilibrio frente a sufrimiento, eso es lo que conseguirás decidas seguir o no con la relación.

Y tú, ¿conoces a Romeo y Julieta?