Con la llegada del frío, el cierre de año y las celebraciones de la época, la nostalgia es una compañera habitual en estos días. Imágenes, palabras y experiencias de ayer, vuelven a nuestra mente para acompañarnos.

Etimológicamente, nostalgia viene de nesthai – regreso y algos – sufrimiento. Es un sentimiento agridulce que puede atormentarnos, por ejemplo si vivimos bajo la máxima “todo tiempo pasado fue mejor”, pero hay muchas otras ocasiones en las que la nostalgia puede contribuir a nuestro bienestar emocional e incluso ayudarnos a combatir el frío.

Los que son extrovertidos y tienen una personalidad social y energética, son los que reportan mayores índices de felicidad. ¿Uno de sus secretos? Miran el pasado con nostalgia. Según una investigación publicada en la revista Personality and individual Differences, las personas que miran el pasado de forma positiva y nostálgica, tienen menos pensamientos negativos y arrepentimientos. Aún cuando la experiencia no haya sido muy buena, ponerla bajo un filtro optimista, por ejemplo notando que te dejó una lección o aprendizaje, puede ayudarte a presentar menos ansiedad e irritabilidad en términos generales.

Todos experimentamos nostalgia con cierta regularidad. Muchos recurren a sus memorias para combatir la soledad y ese calor en el corazón tiene efectos reales sobre la percepción de la temperatura.

Investigadores de la Universidad de Southampton en Inglaterra llevaron a cabo diversos experimentos para buscar la relación entre la nostalgia y la temperatura. En uno de ellos, reunieron a un grupo de voluntarios en una habitación fría y les pidieron recordar un evento ordinario o uno nostálgico de su pasado. Después les preguntaron qué temperatura creían que había en el cuarto. Los que se pusieron nostálgicos estimaban que hacía más calor del real. La mente recrea un estado de bienestar previo (que incluye confort físico) y puede ayudarnos a “volver a vivirlo”.

Y tú ¿te pones nostálgico en esta época?